“La noche oscura del alma” parte 2

En el desarrollo personal y espiritual de todo ser humano existe un proceso al que se le llama ‘La Noche Oscura del Alma’.


Esas vivencias dan lugar a una crisis de mayor o menor magnitud, que deriva en un encontrarse pérdido y sin respuesta de la vida, sin mecanismos para generar nada. Parece que de golpe todo se apagó, nace una sensación de estar solo, sin guía personal ni trascendente, caen los valores, uno siente que ya nadie cree en él.


¿Los motivos? Desde el duelo, guardado y vivido por una pérdida personal, un ser querido, o un trabajo; pasando por una crisis de valores o existencial, separaciones, un cambio de vida y dirección, o una rotura de las estructuras que hasta ese día funcionaban y ahora ya no…

El alma nos brinda una conexión a nuestro mundo interior, a nuestra individualidad como seres.

Esa individualidad nos permite conectar hacia adentro con nosotros mismos, con nuestro propósito en la vida, nuestra dirección, voluntad… quiénes somos y qué vinimos a hacer reside en el alma de cada hombre y mujer, así es una cuestión puramente personal pues nadie más puede conocerlo con más exactitud que uno mismo.


La fase de ‘noche oscura’ sucede cuando esa conexión ‘aparentemente’ se pierde.

Esta desconexión puede venir por una decisión personal, consciente, de dar un giro a su vida y con ello entrar en esta fase de oscuridad, o bien por un suceso que cambia por completo su realidad y le obliga a redefinirse.

Imaginemos que por un momento esa estructura sobre la cual usted se sostiene en su día a día y que está formada por creencias, formas de trabajar, formas de relacionarse, su propia ética, el lugar de donde usted saca su escala de valores, su dirección en la vida, su motivo de vivir…desaparece.

Y con ello, toda acción sobre el mundo exterior deja de funcionar como lo hacía.

Naturalmente, usted intenta que vuelva a funcionar… pero no lo hace.

Cuantos ejemplos tenemos en personajes populares que emergieron en su carrera justo después de un proceso así… en ese momento, se les pidió afrontar una situación de su vida y se les cayó toda la estructura en la que estaban sujetados.

En el tránsito hacia la nueva etapa, todo se oscurece.

Emerge una sensación de soledad, de no estar apoyado, ni ser oído, ni ser sustentado.

La vida no ofrece respuestas como antaño. Si usted meditaba, no llega información. Si usted oraba, nadie le escucha. Lo material no ofrece feedback alguno.

Lo personal, parece desencajado pues sus semejantes no le entienden.


Es realmente un proceso único y personal, un tránsito por el desierto y nadie puede imaginar la sed que usted tiene.

Le pueden ver como a un loco, como a un descentrado, ‘nos abandonaste’, ‘lo hiciste mal’, ‘¿qué estás haciendo con tu vida?’… son frases que usted oirá.

Y aquí entramos en materia: un proceso de ‘noche oscura’ pide inevitablemente un ‘Acto de Fe’.

Confiar en que ese proceso es necesario, e debemos irremediablemente rendirse ante sus circunstancias.


Usando lo que en nuestra oscuridad es una traba, accedemos a una mejor fase en nuestra existencia.




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